9.2.12

Borges y el peronismo

Y esto ocurrió en Buenos Aires en 1946

JORGE LUIS BORGES, ESCRITOR QUE ENORGULLECE A LA ARGENTINA, FUE ENVIADO A INSPECCIONAR GALLINAS
 
Bajo estos mismos títulos dice un diario porteño:
 "Ha sido comentado en los más diversos tonos en los ambientes artísticos, la medida adoptada por las autoridades edilicias contra el escritor Jorge Luis Borges, quien desde hace dieciocho años desempeña un puesto importante en una biblioteca del municipio. No es necesario abundar acá en consideraciones acerca de los sólidos méritos del prestigioso escritor a quien de cierta manera puede considerársele como jefe de una escuela: el "borgismo", que de ciencia cierta existe, pero que algún día será analizada ampliamente. La producción, la obra y la acción de Borges son, asimismo, tan vastamente conocidas dentro y fuera del país, que no es necesario que nos detengamos a analizarlas en estos momentos. Pero el escritor es quien va a hablar.


— ¡Hola, don Jorge Luis! ¿Cómo le va?
 
—Ya lo ve, vivito y coleando.
 
— ¿Y qué le pasó en la Municipalidad que se cuentan las cosas más dispares acerca de su traslado, cesantía o lo que fuere?
 
—Nada; una cosa muy sencilla. Yo toda la vida he tenido dos 'hobbies', por no decir dos debilidades: los libros y firmar. Cuando chico firmaba en las paredes. ¿Se acuerdan ustedes de aquellos poemas murales? Me ha gustado siempre firmar lo que escribo y, a veces, cuando algo de un amigo me gusta mucho, también lo firmaría.
 
—Sí, bueno, está bien; pero eso ¿qué tiene que ver con el asunto de la Municipalidad?
 
—A eso iba. Como a mí me da por firmar todo lo firmable, resulta que firmé cuanto manifiesto me trajeron los amigos. Estos manifiestos ingenuos en que se afirma que la verdad debe triunfar y que la libertad es libre, como dice el paisano.
 
—Bueno, pero ¿qué pasó, entonces?
 
—Un momento; en los poemas no hay que pegar saltos. Hace pocos días me mandaron llamar para comunicarme que había sido trasladado de mi puesto de bibliotecario al de inspector de aves —léase gallináceas— a un mercado de la calle Córdoba. Aduje yo que sabía mucho menos de gallinas que de libros y si bien me deleitaba leyendo "La serpiente emplumada", de Lawrence, de ello no debe sacarse la conclusión de que sepa de otras plumas o diferenciar la gallina de los huevos de oro de un gallo de riña. Se me respondió que no se trataba de idoneidad sino de una sanción por andarme haciendo el democrático ostentando mi firma en cuanta declaración salía por ahí. Comprendí, entonces, que se trataba de molestarme o de humillarme simplemente. Naturalmente que si, como ustedes dicen, me hubieran trasladado a las funciones de agente de tránsito, a lo mejor me da por calzarme el uniforme, y ya me hubieran visto allá arriba en la garita armando un verdadero despatarro.
 
—Y usted, ¿qué actitud adoptó?
 
—Ninguna; me fui a mi casa. Tenía un libro de Elouard y otro de Vercors para los cuales no encontraba manera de roer tiempo a otras cosas y leerlos. Y me puse a leer y me olvidé del mundo. Pero al día siguiente, la realidad me dio un vuelco; de la Municipalidad me comunicaban que hacía veinticuatro horas que estaban esperando mi renuncia y que estaba ya en mora. Estaban, pues, plenamente convencidos de que no iba a aceptar la situación y que iba a renunciar. Me conocían, ¿verdad?
 
—Indudablemente.
 
—Eso es todo; la verdad, nada más que la verdad, sólo la verdad."
 
(Diario El Plata, Montevideo, 25 de julio de 1946)


2 comentarios:

  1. Déjà vu.


    —Y usted, ¿qué actitud adoptó?

    —Ninguna; me fui a mi casa.


    No sé por qué, pero esa respuesta se me hizo muy típica a lo que yo tengo entendido como ''actitud argentina'' ...y es genial jajaja.

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  2. Es que la improductividad me insta a repetir cosas interesantes pero ya transcriptas en otros medios, vió.
    Eso fue lo que más me gustó de la entrevista.
    ¿La sandía por kilo cuánto, doña?

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