5.2.12

Esta mañana

Soñé con vos sobremanera.
Como si hubiera sido una mancha sobre las sábanas
el cofre de tu extensísima representación
y te hubieras quedado toda la noche
juntando los vestigios con alevosía para cuando me despertó el teléfono.
Fueron sórdidas las cosas que te dije
que nunca te hubiera dicho
pero (aparentemente) siempre tuve ganas de decir.
Soñé que estábamos en una fiesta.
Una fiesta popular; creo que estaba casi todo el mundo de allá
cuando en realidad acá estoy solo
con una pequeña comunidad de emisarios.
Creo que tus ojos reflejaban a alguien más,
no sabría quién
y no me quisiste decir
pero pude intuir
que yo no estaba;
soñé que te abrazaba
y por alguna razón
no te dejaba ir.
Egoísmo tonto, se ve.
Cuando la telaraña farsante se apartó un poco
de la almohada pegajosa
y me di cuenta que eran las seis de la tarde
y que yo estaba soñando con vos desde hacía siete horas,
y atendí el teléfono con voz ronca
de recién levantado pero sobre todo de una recién conciencia
todavía estabas embolsando todo en un fardo
y alejándote por entre el pasillo la escalera.

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