1.2.12

La calle Balcarce

La calle Balcarce es una calle de Córdoba capital. También lo es en muchos otros lugares (destacablemente Salta, donde es una calle de bares y artesanos los domingos por la tarde, y termina donde comienza el Tren de las Nubes); pero hoy voy a hablar de la de Córdoba porque hoy aprendí a mirarla con otros ojos.
Generalmente las calles en Córdoba se dividen en dos o tres etapas de distinta deseabilidad: tal es así que Ituzaingó, en el comienzo de su numeración, es un hormigueo constante de tiendas de tela y señoras gordas que se prueban vestidos y empresarios que salen de sus cafetines para irse todos a la Bolsa de Comercio, que queda casi en la esquina de Ituzaingó y Rosario de Santa Fe, a partir de la cual Ituzaingó muere y cambia su nombre. De estos antros de mala muerte, entre zapatillas de goma en rebajas y ropa interior de precio y calidad homogéneos, si se continúa cuesta arriba, cruzando el Boulevard, se cambia a una atmósfera sofocante y colorida de bares diversos, cada uno más caro que el otro, y más o menos con el cruce de la Rondeau, realmente estamos curados de prejuicios: es una calle de mierda. Realmente la detestaba hasta que anteayer, por pura casualidad y navegando muy lejos de allí, encontré un cartel que rezaba "Ituzaingó - 1000 - 1100": uno de los barrios más apacibles, tranquilos, floridos y bellos que vi en mi vida. Quien lo diría.
Balcarce es una calle que atraviesa mi casa lateralmente, es decir que la mayor parte del día mis ventanas dan a esa calle menos a la noche donde no dan a ninguna porque cierro las cortinas. La calle es una subida violenta y al mismo tiempo una bajada violenta, pero más allá del Boulevard (por donde queda la entrada a mi departamento), no hay más que parkings para autos y algún que otro interesante negocio de compraventa; para arriba, es un universo oscuro, y realmente me entró la duda de que si iban a cortar la luz de nuevo, porque no se veía nada y venía la amenaza cirniéndose y silbando. Tan tupidos son los árboles que tapan los faros, que la calle es un monumento cuesta arriba, que para mayor paradoja termina en un bosque con una escalera que sigue subiendo hasta latitudes que no quiero conocer de noche. Hay los negocios usuales; hay los edificios usuales, de una entrada exageradamente grande y llamativa, con un jardín en el medio y unos ascensores de última generación y unas llaves magnéticas y unas cortinas ordenadas; todo eso a excepción de la llave es de lo que mi edificio felizmente carece. También hay grandes espacios vacíos entre los altos edificios que de noche se aprecian como salvoconductos por donde la lluvia entró y permaneció hasta evaporarse, y los granizos suicidas se quedaron de cara ante la nada. Y no puedo dar detalladas explicaciones porque no vi mucho; sufrí solamente con lo empinado de sus veredas, que no sé como hicieron para armarlas, mismo con las casas, mismo con los ostentosos jardines de los edificios de cien mil dólares el metro cuadrado.
En suma, hoy caminé por la Balcarce y me enamoré de ella. Fui en una dirección acaso impráctica del todo porque no me lleva a ningún punto de interés personal, pero es realmente un placer sentirse solo por esas calles que no tienen un vestigio de coloniales y sin embargo parecen haber nacido desde antes de la ciudad, por el hermetismo salvaje de su oscuridad y su silencio.
Todo esto en el marco de una teoría que todavía sostengo: es distinto irse a vivir a una ciudad que poco se conoce, pero realmente me sorprende que Córdoba todavía siga sorprendiéndome. Y en los lugares más insospechados. Quien diría que a una cuadra de mi cama podría encontrar un lugar gratis, tan sorpresivo, tan surreal, tan perfecto.
Realmente es una ciudad muy, muy deseable; abalánzense turistas.

P.D/También hay una franquicia de un hostel del cual me hice muy amigo; es el hostel donde paré la primera vez que pisé Córdoba con ojos de ciudadano inocente y turista autogestivo. Realmente odiaba Córdoba a esas horas. Al final de esa semana, no podía pensar en un lugar mejor. En el hostel paré cinco veces más y no voy a olvidar cuando me preguntaron si sabía tocar la escalera al cielo y yo dije 'SI' casi como un reflejo, y abandoné la cerveza que tomaba con dos amables mexicanos.
P.D 2/Prometo fotografías de la calle Balcarce. Quizás lo prometo. Quizás fotografías. Acaso no de la Balcarce.

2 comentarios:

  1. Sounds like a pretty kick ass place to me.

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  2. Me gusta sobremanera cómo ante tus amables comentarios El Asteroide sigue catalogándote como "Persona con moral reprobable".
    Oh well oh well oh well...

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